Expositores Exploria 2026

ExplorIA 2026 en la UDA

Hay preguntas que aparecen cuando algo comienza a cambiar. Algunas nos inquietan, otras despiertan curiosidad y muchas nos invitan a revisar aquello que creíamos seguro. La inteligencia artificial está provocando justamente eso en nuestras profesiones: abre posibilidades que hasta hace poco parecían lejanas y, al mismo tiempo, nos enfrenta a una pregunta profundamente humana: ¿qué lugar queremos ocupar en un mundo donde las máquinas pueden hacer cada vez más cosas?

Con esa inquietud nos encontramos el miércoles 28 de octubre en el salón Cincuentenario de la Universidad del Aconcagua, durante ExplorIA 2026, una iniciativa del Departamento de Educación a Distancia y del Observatorio de Inteligencia Artificial de nuestra Universidad.

Bajo el título "Tsunami laboral: profesiones que cambian, capacidades que permanecen", compartimos un conversatorio que reunió experiencias de la salud, la educación, las lenguas, la tecnología educativa y la gestión empresarial. No buscábamos anticipar qué profesiones desaparecerán ni encontrar respuestas definitivas. Queríamos escucharnos, reconocer preocupaciones compartidas y pensar juntos qué capacidades humanas adquieren mayor valor en este escenario.

Distintas profesiones, preguntas que nos acercan

El encuentro fue moderado por Enrique Ruiz Blanco, director del Departamento de Educación a Distancia, y contó con las intervenciones de Mariano Fischer, Virginia Melonari, Antonela Romero, Valeria Bustos, Federico Cerutti y quien escribe, Noelia Abaca.

Cada expositor llegó con una experiencia diferente y, quizás por eso, el intercambio fue especialmente enriquecedor. Porque cuando miramos una misma transformación desde distintos lugares, descubrimos preguntas que difícilmente encontraríamos pensando solos.

 

Desde el campo de la salud, Mariano Fischer nos invitó a reflexionar sobre el valor de los datos y la responsabilidad de interpretarlos. La inteligencia artificial puede reconocer patrones y ampliar nuestras posibilidades de análisis, pero comprender qué significan esos resultados en una situación concreta sigue requiriendo conocimiento, criterio y sensibilidad frente a decisiones que afectan a otras personas.

Virginia Melonari compartió su mirada desde las lenguas y la traducción, un ámbito donde la IA ya puede producir textos y traducciones en segundos. Sin embargo, detrás de las palabras hay intenciones, contextos culturales y matices que no siempre pueden resolverse automáticamente. Su intervención nos recordó que comunicar también implica interpretar, comprender al otro y reconocer aquello que una respuesta aparentemente correcta puede estar dejando afuera.

Desde la educación y las tecnologías emergentes, Antonela Romero nos propuso pensar en el sentido que damos a las herramientas. Una misma tecnología puede enriquecer una experiencia o empobrecerla, según las decisiones que tomemos al incorporarla. En esa elección aparecen capacidades como la empatía, la escucha, la colaboración y la responsabilidad.

Valeria Bustos recuperó una idea que nos invita a revisar nuestras formas de aprender: durante mucho tiempo valoramos a quienes tenían las respuestas, pero hoy, cuando podemos obtenerlas casi inmediatamente, aprender a preguntar adquiere otro significado. Su propuesta de preguntar, dudar y decidir nos recordó que una buena pregunta también expresa curiosidad, comprensión y pensamiento propio.

Por su parte, Federico Cerutti llevó la conversación al mundo de las organizaciones y la gestión empresarial. Su mirada permitió reconocer que la transformación del trabajo exige revisar procesos, aprender continuamente y desarrollar capacidades para adaptarnos sin perder el criterio profesional ni la responsabilidad sobre nuestras decisiones.

Aunque las experiencias eran diferentes, una idea comenzó a unirlas: las herramientas pueden cambiar lo que hacemos, pero somos las personas quienes debemos seguir preguntándonos por qué, para qué y con qué consecuencias lo hacemos.

Cuando las respuestas están a un clic, ¿qué significa acompañar?

Como parte del panel, tuve la oportunidad de compartir una mirada desde mi experiencia como docente universitaria, asesora tecnopedagógica y tutora en educación a distancia.

Mi intervención partió de una situación que observo en el acompañamiento de estudiantes: hoy nos encontramos con personas cada vez más autónomas, capaces de consultar a la inteligencia artificial, obtener explicaciones y resolver dudas sin esperar necesariamente la respuesta de un docente. Esta realidad nos invita a revisar nuestro rol y a preguntarnos qué significa enseñar y acompañar cuando la información está disponible en cualquier momento.

Creo que nuestra tarea adquiere un valor especial cuando ayudamos a pensar, a formular mejores preguntas, a reconocer errores y a construir criterios para tomar decisiones. Porque acompañar una trayectoria educativa implica mucho más que responder consultas o explicar contenidos.

También quise recuperar el valor de los encuentros sincrónicos, esos espacios donde volvemos a encontrarnos a través de la voz, los gestos, las dudas y hasta los silencios. En educación a distancia, estas instancias nos permiten acercarnos a la persona que está detrás de una pantalla, escuchar aquello que le preocupa y reconocer que cada estudiante aprende desde una historia y una realidad diferentes.

La inteligencia artificial puede ofrecer una respuesta inmediata, pero acompañar requiere algo más: comprender cuándo alguien necesita una explicación, cuándo necesita tiempo, cuándo necesita confianza y cuándo una pregunta puede ayudarlo a descubrir su propia respuesta.

Hay una frase que resume lo que quise compartir durante ExplorIA:

Hoy, saber utilizar la inteligencia artificial puede distinguirnos profesionalmente. Pero llegará un momento en que todos sepamos hacerlo y esa habilidad dejará de ser una diferencia. Entonces, lo que verdaderamente nos distinguirá será aquello que siempre nos hizo humanos: nuestra capacidad de pensar, de crear, de sentir, de escuchar y de construir con otros.

Y quizás ahí encontremos una de las capacidades que más necesitamos cuidar: la posibilidad de mirar más allá de una respuesta para reconocer a la persona que está aprendiendo.

Lo que cambia y lo que elegimos conservar

Después de escuchar las distintas perspectivas, el intercambio con el público nos permitió profundizar algunas inquietudes que atraviesan nuestra vida profesional. ¿Qué tareas podemos delegar en la inteligencia artificial? ¿Qué decisiones necesitan seguir estando en nuestras manos? ¿Cómo formamos profesionales para un mundo en el que las herramientas cambian constantemente? ¿Qué sucede con nuestra responsabilidad cuando una decisión asistida por IA produce un error?

Las preguntas nos llevaron a reconocer que la transformación no ocurre de la misma manera en todos los campos. Algunas tareas se automatizan, otras se redefinen y aparecen nuevas formas de trabajar. Sin embargo, hay capacidades que adquieren especial relevancia precisamente porque la tecnología avanza.

El pensamiento crítico nos ayuda a no aceptar cualquier respuesta. La creatividad nos permite imaginar alternativas. La empatía nos acerca a las necesidades de otras personas. La comunicación y la escucha hacen posible construir acuerdos, mientras que la responsabilidad nos recuerda que nuestras decisiones tienen consecuencias.

Para quienes trabajamos en educación, estas reflexiones también representan una invitación a revisar nuestras prácticas. Ya no alcanza con enseñar a utilizar herramientas; necesitamos generar experiencias que permitan preguntar, investigar, contrastar información, trabajar con otros y construir conocimiento con sentido.

Quizás el desafío no sea preparar a nuestros estudiantes para competir con la inteligencia artificial, sino ayudarlos a desarrollar aquello que les permita trabajar con ella sin dejar de pensar por sí mismos.

Seguir encontrándonos también es parte del futuro

Me quedo con algo especialmente valioso de ExplorIA 2026: durante una hora, profesionales de distintos campos nos encontramos para compartir experiencias, escuchar otras miradas y pensar preguntas que todavía no tienen respuestas definitivas.

En tiempos en los que todo parece pedirnos rapidez, detenernos a conversar también tiene valor. Nos permite reconocer que no estamos atravesando estos cambios de manera aislada y que muchas de nuestras inquietudes pueden enriquecerse cuando las ponemos en común.

Desde el Observatorio de Inteligencia Artificial de la Universidad del Aconcagua, queremos seguir promoviendo estos espacios de encuentro, reflexión y construcción colectiva. Agradecemos a cada expositor por compartir su experiencia y enriquecer la conversación; especialmente a Federico Cerutti, impulsor de esta iniciativa, y a Enrique Ruiz Blanco, por acompañarnos y conducir el diálogo. Nuestro agradecimiento también a quienes participaron con sus preguntas, su escucha y sus reflexiones, porque son esas voces las que dan sentido a estos encuentros y nos animan a seguir pensando juntos.

Nos llevamos nuevas inquietudes, ideas para seguir trabajando y una convicción que me gustaría compartir: la inteligencia artificial seguirá transformando nuestras profesiones, pero lo que no deberíamos perder es la capacidad de decidir, de cuidar nuestros vínculos y de construir con otros el sentido de esos cambios.

Porque tal vez el futuro no nos esté preguntando únicamente qué seremos capaces de hacer con la inteligencia artificial, sino también qué clase de profesionales y, sobre todo, qué clase de personas queremos seguir siendo.

Nota de transparencia

Texto elaborado y revisado con asistencia de ChatGPT PRO (OpenAI), a partir del informe institucional de ExplorIA 2026 y de las experiencias compartidas durante el encuentro. La selección de contenidos, la perspectiva de la autora y la revisión editorial orientaron su elaboración.

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