La ola que aprendimos a surfear: Bienvenidos al ciclo 2026 del Observatorio

De usuarios de herramientas a arquitectos de experiencias

Todos recordamos aquel final de 2022: la irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa (IAGen) cambió las reglas del juego en la educación superior de un día para el otro. Sabemos que, para las instituciones educativas, esto representó y representa un desafío enorme. Sin embargo, en la Universidad del Aconcagua entendimos rápido que la tecnología por sí sola no hace magia; lo que realmente garantiza un aprendizaje con integridad es nuestra mediación docente estratégica.

Con esa convicción, el equipo de Educación a Distancia asumió el compromiso de acompañar en este proceso. No queríamos simplemente enseñar a usar programas, sino diseñar un dispositivo ágil que se nutriera de lo que investigamos aquí mismo, en el Observatorio de IA (OIA), para que cada contenido tuviera sentido y profundidad.

Un camino que se hace al andar

Nuestra experiencia en el diseño de estos dispositivos de formación docente en IAGen en estos últimos años fue, literalmente, una transformación compartida:

Fase Instrumental (2023-2024): Empezamos por lo básico, perdiéndole el miedo a la aplicación técnica y aprendiendo a automatizar tareas repetitivas para ganar tiempo valioso. El foco estuvo puesto en la automatización y optimización de tareas, como el procesamiento de textos, la creación de recursos multimediales y el diseño de actividades didácticas, con el fin último de desmitificar la complejidad técnica de la IA. De este modo, se logró desplazar la percepción de esta tecnología como un elemento ajeno o disruptivo, posicionándola como un recurso accesible y un aliado funcional para la labor cotidiana en el aula.

Fase de Reflexión Crítica (2025): Evolucionamos hacia las preguntas que realmente importan: ¿Cómo impacta esto en mi disciplina? ¿Cómo gestionamos los sesgos o las «alucinaciones» de la IAGen? Este salto cualitativo se logró al integrar tres ejes fundamentales: el funcionamiento técnico de la IA, el debate sobre la ética y la aplicación práctica en cada disciplina.

Fue una experiencia interesante ver cómo pasamos de la duda instrumental sobre ¿Qué herramienta uso? al desafío pedagógico de ¿Para qué la integro en mi clase?. Hoy, gracias a los más de 400 docentes que pasaron por estos espacios de formación denominados nanocursos, ya no solo hablamos de algoritmos; hablamos de potenciar la creatividad y de guiar a nuestros estudiantes hacia el uso crítico y responsable de la IAGen.

En este marco, el Observatorio funcionó como un motor de transferencia estratégica, permitiendo que los hallazgos de investigación se tradujesen de forma ágil en materiales didácticos y contenidos actualizados para los nanocursos. Esta sinergia aseguró que la formación docente no se limitara a la exploración de herramientas, sino que estuviera sustentada en el análisis de tendencias globales, el estudio de casos sobre integridad académica y los debates epistemológicos más recientes del área.

Nuestras aulas están cambiando y nosotros con ellas. Por eso, de cara al ciclo 2026, nuestro desafío será sostener este ecosistema de formación ágil, profundizando en la integración de la IAGen para desarrollar habilidades críticas necesarias que nos permitan diseñar entornos de aprendizaje innovadores, éticos y, por sobre todo, profundamente significativos

¡Gracias por acompañarnos en un nuevo ciclo!

Este texto fue generado con la asistencia de Gemini PRO. 

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La imagen fue creada con Gemini, PRO.

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