Pantallas con sentido: IA en la escuela
Los primeros meses del año escolar suelen estar marcados por un doble desafío: por un lado, la necesidad de realizar diagnósticos finos sobre lo que cada niño y niña sabe, puede y necesita; por otro, el puente desde el ritmo de las vacaciones hacia las rutinas escolares. En ese cruce, las tecnologías digitales pueden ser aliadas o distracciones, según cómo se las elija y se las integre a las propuestas pedagógicas.
En Sentidos en Red, una de las experiencias que abrió conversación en redes fue la recomendación de la plataforma Árbol ABC como recurso lúdico y respetuoso para este tiempo de inicio: un entorno 100% en español, gratuito y de acceso sencillo (sin registros complejos), que ofrece juegos y materiales organizados por edad y área de aprendizaje. Lo que se valoró no fue solo “que tenga juegos”, sino la curaduría pedagógica que se percibe detrás: propuestas breves, con consignas claras, que invitan a la participación activa más que al consumo pasivo.
Árbol ABC reúne más de 300 juegos, cuentos y actividades interactivas para niñas y niños de 3 a 10 años, distribuidos en campos como lenguaje, matemáticas, inglés, ciencias, arte y lógica. Diversas reseñas y experiencias docentes señalan que estos recursos permiten trabajar conciencia fonológica, seriación numérica, atención, memoria y vocabulario en clave de juego, con retroalimentación inmediata. Esta combinación lo convierte en un ejemplo concreto de “pantalla con sentido”: una propuesta digital que acompaña los ritmos y modos de aprender de cada infancia, evitando forzar procesos o sustituir la exploración y el juego fuera de la pantalla
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con la inteligencia artificial? Mucho más de lo que parece. Partir de un caso como Árbol ABC permite formular una pregunta clave: si somos tan cuidadosos al seleccionar plataformas de juegos educativos, ¿por qué no aplicar criterios igual de exigentes cuando se trata de herramientas que se presentan como “inteligentes” o “basadas en IA” para el aula?.
La Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación de la UNESCO insiste en que no basta con que una herramienta use algoritmos avanzados: debe estar alineada con principios de equidad, inclusión, transparencia y respeto por la autonomía docente. El Marco de competencias de IA para docentes también subraya la importancia de que las y los docentes sepan evaluar críticamente las tecnologías que integran a su práctica, distinguiendo entre recursos que amplifican el aprendizaje y otros que lo simplifican o lo desvían.
En este sentido, la experiencia con Árbol ABC ofrece al menos cuatro criterios que pueden servir de brújula para elegir tanto plataformas digitales “tradicionales” como herramientas de IA:
Finalidad pedagógica clara
Árbol ABC organiza sus juegos por edades y áreas, con un gradiente de dificultad que acompaña el desarrollo infantil. En una herramienta de IA, podríamos preguntarnos: ¿para qué está pensada? ¿Apoya diagnóstico, retroalimentación, creación, acceso a materiales? ¿O solo promete “hacer todo más rápido” sin definir qué aprendizajes prioriza?.
Curaduría de contenidos y enfoque situado
La plataforma ofrece actividades acotadas, vinculadas a objetivos concretos (por ejemplo, identificar sílabas, clasificar objetos, ordenar secuencias), en formatos breves y significativos. Frente a recursos de IA, la pregunta sería: ¿qué tipo de textos, imágenes o ejercicios genera? ¿Son apropiados para la edad? ¿Respetan el contexto cultural y lingüístico de nuestros grupos?.
Participación activa, no consumo pasivo
En Árbol ABC, los niños y niñas deben decidir, arrastrar, clasificar, probar, volver a intentar. Una herramienta de IA que solo “resuelve” por ellos —resúmenes, respuestas cerradas, tareas completas— corre el riesgo de desalentar el esfuerzo cognitivo. Las orientaciones internacionales advierten precisamente sobre este peligro: la IA debe invitar a pensar, no a dejar de pensar.
Lugar del/de la docente
El valor de Árbol ABC se potencia cuando el/la docente observa cómo juegan, qué estrategias usan, dónde se traban, y luego ajusta sus propuestas analógicas y digitales en función de esa observación. Con la IA ocurre algo similar: su aporte es mayor cuando la/el docente la usa para explorar ejemplos, diversificar actividades o generar borradores, y luego decide qué incorporar, qué adaptar y qué descartar.
Un ejemplo posible para el inicio del año sería combinar breves sesiones de juego en Árbol ABC con una bitácora docente: qué tipos de juegos eligen, cuánto tiempo sostienen la atención, qué errores se repiten, qué estrategias aparecen. A partir de esos registros, pueden definirse pequeños grupos de trabajo, apoyos específicos o proyectos integrados (por ejemplo, juegos de palabras que luego se retoman en producciones orales o escritas fuera de la pantalla).
En paralelo, herramientas de IA generativa pueden entrar en escena para ayudar a diseñar estas propuestas complementarias: consignas diferenciadas, cuentos breves ajustados a distintos niveles de lectura, ideas de juegos de patio vinculados a los contenidos que se trabajaron en la pantalla. De este modo, la IA se utiliza para expandir y enriquecer el diseño pedagógico, no para sustituir la experiencia directa de niños y niñas con las actividades.
Desde Sentidos en Red, la idea de “pantallas con sentido” se sostiene en una convicción: educar en clave digital no es llenar el aula de dispositivos, sino elegir cuidadosamente qué tecnologías dialogan con nuestro proyecto formativo, nuestros marcos pedagógicos y los ritmos reales de las infancias y juventudes. La publicación dedicada a Árbol ABC en Instagram retoma precisamente estos puntos: acceso sencillo, contenido curado, respeto por los tiempos, ritmos y necesidades reales de las infancias, y un uso de pantallas que acompañan, en lugar de interferir, con la construcción del juego y el aprendizaje.
Mirar Árbol ABC desde el Observatorio de IA no significa “convertirlo” en una plataforma de inteligencia artificial, sino usarlo como espejo para revisar cómo estamos eligiendo las tecnologías “inteligentes” que entran a nuestras aulas. Si somos capaces de revisar críticamente un juego educativo, también podemos —y debemos— revisar qué nos prometen las herramientas de IA, qué datos recolectan, qué sesgos pueden reproducir y qué lugar le dejan al juicio pedagógico de quienes enseñan.
En última instancia, la pregunta no es si debemos usar o no IA en la escuela, sino con qué criterios la integramos para que amplíe derechos, ofrezca más y mejores oportunidades de aprender, y no profundice brechas. Quizás, como nos enseña la experiencia con Árbol ABC, la clave está en seguir eligiendo tecnologías que respeten la curiosidad, la diversidad y la autonomía de nuestras infancias, y en sostener, desde la docencia, el hilo de sentido que conecta cada pantalla con un proyecto educativo más justo, inclusivo y humano.
Mg. Valeria Bustos y Mg. Lic. Antonela Romero
Fuentes
Árbol ABC. (s. f.). Juegos educativos y didácticos online para niños. Árbol ABC. https://arbolabc.com
Centro Nacional de Desarrollo Curricular en Sistemas no Propietarios (Cedec). (2017, 25 julio). Árbol ABC: Juegos educativos para niños. INTEF. https://cedec.intef.es/arbol-abc-juegos-educativos-para-ninos/
UNESCO. (2023). Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación [Guidance for generative AI in education and research]. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000389227
Sentidos en Red. (2025). Pantallas con sentido: recomendación de Árbol ABC [Publicación en Instagram]. https://www.instagram.com/p/DWXb_75AMYg/
Imagen
La imagen ilustrativa se diseñó con Google Gemini, garantizando una coherencia visual y conceptual con el contenido presentado.
Prompt:
Niños y niñas de educación inicial y primer ciclo de primaria usando tablets o computadoras en un aula luminosa, jugando con una plataforma educativa colorida inspirada en Árbol ABC. Junto a ellos/as, una docente observa, anota y acompaña. En el fondo, se ven íconos sutiles de inteligencia artificial (cerebros digitales, redes, pequeños chips) integrados a árboles y libros, simbolizando “pantallas con sentido” y la conexión entre juego, diagnóstico y criterios pedagógicos. Estilo realista-
