El commonplace book 

Es una técnica de registro con raíces en los siglos XVI y XVII que ofrece a docentes y profesionales una metodología “analógica” cognitivamente potente para procesar información, madurar ideas y complementar el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa pero de una manera positiva.

Raíces históricas de una práctica vigente

El commonplace book no es una invención reciente ni una moda nostálgica. Se trata de un sistema de gestión del conocimiento popularizado tras la explosión de la imprenta en los siglos XVI y XVII. La multiplicación de textos impresos generó una crisis similar a la actual: una avalancha de información que excedía la capacidad de procesamiento individual.

La respuesta de intelectuales, científicos y pensadores de la época fue desarrollar el "commonplacing", el proceso de recopilar activamente fragmentos significativos —citas, ideas, reflexiones— en un lugar centralizado: el cuaderno personal.

A diferencia de un diario íntimo o una agenda, el commonplace book funciona como un repositorio de conocimientos, sin orden cronológico estricto pero con coherencia temática personal  y experiencias. Muchos de ellos lograron transformarse en libros como los de historias de viajeros que relataban sus pasos por tierras lejanas.

Esta práctica organizativa no era un capricho individual sino una respuesta compartida ante el desafío cognitivo de organizar y retener información relevante. Así, lo que entonces era necesario para gestionar el conocimiento impreso, hoy se revela igualmente útil para navegar por el torrente digital.


La crisis contemporánea de la atención

La sobrecarga informativa no es un fenómeno nuevo, pero sus manifestaciones actuales presentan características particulares.

Mientras que en épocas anteriores la información era un recurso escaso y valioso, en el contexto digital su abundancia ilimitada genera efectos contraproducentes: desinformación, fatiga mental y erosión de la capacidad de atención profunda.

El entorno digital contemporáneo está claramente diseñado para fragmentar la atención. Videos fugaces, notificaciones constantes y contenidos optimizados para el consumo inmediato compiten continuamente por los recursos cognitivos limitados.

Entonces, para docentes y profesionales que deben procesar literatura académica, desarrollar materiales didácticos y mantenerse actualizados en sus disciplinas, esta fragmentación representa un obstáculo significativo dado que la mente (propia y de los destinatarios del producto)  requiere de ciertos períodos de procesamiento para integrar nueva información de manera significativa.

Sin embargo, los repositorios digitales sean carpetas en el disco rígido o “en la nube” —aunque convenientes para el almacenamiento— no garantizan esa integración.

Es más, la facilidad de guardar enlaces, capturar pantallas o dictar notas de voz a asistentes de IA ciertamente genera una ilusión de compilación que raramente se traduce en aprendizaje genuino o en memoria duradera.


Ventajas cognitivas de la escritura manual

La neurociencia ofrece evidencia consistente sobre las ventajas de la escritura manual frente a la digital. Es que cuando se escribe a mano, se activan de manera especial las áreas sensoriomotoras del cerebro, lo cual facilita el aprendizaje, la memoria y la retención de información. Este proceso no es meramente un método de registro sino que funciona como un amplificador cognitivo.

A esto se suma que la escritura manual impone una economía del lenguaje que la escritura digital no exige, porque el esfuerzo físico en la mano para escribir largos renglones obliga a sopesar las ideas y expresarlas con precisión en menos palabras para cansarse menos.

Esta condensación no es una limitación sino una oportunidad que fuerza la abstracción, elimina la redundancia característica del lenguaje hablado y produce un texto más denso conceptualmente.

Para profesionales que laboran de ejercer su capacidad de análisis y explicación, que deben preparar clases, desarrollar presentaciones o escribir artículos, esta disciplina de síntesis resulta especialmente valiosa.

El proceso de transcribir manualmente citas relevantes o resumir conceptos complejos con palabras propias constituye, en sí mismo, un acto de procesamiento profundo que prepara el terreno para la producción intelectual posterior.


La complementariedad entre lo analógico y lo digital

La práctica del commonplace book “analógico” no representa un rechazo a las tecnologías digitales ni a la inteligencia artificial generativa. Por el contrario, puede generar sinergias porque funciona como un paso previo que asegura la profundidad y calidad del trabajo digital.

Cuando una idea ha sido procesada manualmente —transcrita, sintetizada, reflexionada— se convierte en un material de alta calidad para alimentar sistemas de IA generativa. El contenido analógico, ya filtrado y madurado, permite interacciones más sofisticadas con herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude (entre otras).

En lugar de pedirle a la IA que sintetice contenidos que aún no se comprenden plenamente, se le presenta material elaborado que puede ser complejizado, expandido o analizado desde nuevas perspectivas.

La potencia de esta premisa es que esta secuencia metodológica invierte la lógica habitual.  En lugar de usar la IA para compensar la falta de procesamiento profundo, se utiliza para potenciar ideas que ya han madurado. 

El resultado es trabajo intelectual de mayor calidad, ordenado y editado; donde uno mantiene control sobre el significado central de sus producciones y puede detectar cuando las sugerencias o las ediciones de la IA alteran ese núcleo conceptual.


Metodología práctica del commonplacing

Implementar la práctica del commonplace book “analogico”, pero también con apps (digital) no requiere procedimientos rígidos, pero sí cierta disciplina. La metodología puede adaptarse a necesidades y preferencias personales, siempre que preserve los elementos esenciales del proceso.

El primer paso es la selección del soporte físico. Aunque parezca algo trivial, elegir un cuaderno que sea cómodo y agradable influye en la sostenibilidad de la práctica.  También es importante la elección del instrumento de escritura: plumas fuente o rollerball de buen trazo son beneficiosas para la escritura prolongada sin fatiga manual, además de otorgar una dignidad visual  insuperable hasta a la caligrafía más ilegible.

Luego el paso siguiente es el proceso de registro que implica transcribir citas significativas o resumir puntos clave con el vocabulario propio.

Esta transcripción no es mera copia sino más bien un proceso de transliteración que constituye el verdadero procesamiento cognitivo.

Al reformular ideas ajenas o sintetizar conceptos complejos, se produce una apropiación intelectual que la simple lectura o el subrayado digital no logran.

La organización del cuaderno puede seguir diversos criterios: temático, cronológico o híbrido. Lo fundamental no es la consistencia formal sino la utilidad personal. Para docentes, puede resultar práctico dedicar secciones a diferentes asignaturas, líneas de investigación o áreas de interés profesional.

La revisión activa es quizás el elemento más descuidado pero más valioso de la práctica. Volver periódicamente al cuaderno, releer las notas y reflexionar sobre ellas no solo refresca la memoria sino que permite descubrir conexiones inesperadas entre ideas registradas en momentos diferentes.

Estas conexiones frecuentemente generan insights que no habrían emergido del consumo lineal de información.


Aplicaciones específicas en el contexto universitario

Para docentes universitarios, el commonplace book ofrece aplicaciones concretas en distintas dimensiones de su actividad profesional.

En la planificación didáctica, funciona como repositorio de ejemplos, analogías, citas relevantes o enfoques pedagógicos que pueden integrarse en clases futuras. Las ideas registradas durante la lectura de literatura especializada o tras observar prácticas docentes exitosas generan recursos accesibles para el diseño curricular.

Para quienes investigan, permite gestionar literatura de manera más profunda que los gestores bibliográficos digitales. Es que tener que transcribir manualmente fragmentos clave de artículos o libros obliga a identificar lo verdaderamente relevante e incluso a establecer diálogos entre autores que los resúmenes automáticos no capturan.

Para el desarrollo de competencias profesionales, el cuaderno funciona como espacio de reflexión sobre la propia práctica. Registrar observaciones sobre dinámicas áulicas, dificultades encontradas o soluciones implementadas genera un archivo experiencial que alimenta procesos de mejora continua.


Recordar: volver a pasar por el corazón

La etimología de "recordar" viene a iluminar el sentido profundo de esta práctica. Recordar proviene del latín re (volver) y cordis (corazón), es, literalmente, volver a pasar algo por el corazón. Asegurar que lo importante no se pierda en el flujo incesante de estímulos.

El commonplace book constituye una herramienta para cultivar esta memoria significativa. Al transcribir con la propia mano palabras que tocaron, transformaron o generaron reflexión, no solo se fijan en el papel sino que se graban con mayor intensidad en la estructura cognitiva personal.

En un mundo saturado de información superficial y consumo acelerado, esta práctica invita a la pausa y a la contemplación activa.

No se trata de rechazar las herramientas digitales (porque se puede sostener una práctica de registro digital) ni la inteligencia artificial, sino de establecer una relación más equilibrada con ellas. El commonplace book funciona como ancla analógica que asegura profundidad en el pensamiento antes de escalar digitalmente las ideas.

Para profesionales con tiempo limitado, esta práctica no representa una carga adicional sino una inversión en calidad cognitiva. Los minutos dedicados a la escritura manual se recuperan multiplicados en claridad conceptual, retención duradera y capacidad de producción intelectual sofisticada.

La práctica del commonplacing construye, sesión tras sesión, un archivo personal que forja una memoria más robusta y un espíritu más conectado con la esencia de lo aprendido.

En la intersección entre lo analógico y lo digital, entre la lentitud reflexiva y la velocidad computacional, se abre un espacio fértil para el desarrollo del talento profesional en la era de la inteligencia artificial.

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